21 octobre 2009

Julio Llamazares


Luna de Lobos la pelicula (1987) [J.Sanchez-Valdés/J.Llamazares]



Comentario acerca de la pelicula por  Elena Merino. Investigadora. Historia del Cine. Universidad de Barcelona
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Título original: Luna de lobos
País y año: España, 1987
Director: Sánchez Valdés, Julio
Compañía productora: Brezal, PC (España)
Julio Sánchez Valdés, PC (España)
Argumento basado en la novela homónima de Julio Llamazares
Guión: Llamazares, Julio y Sánchez Valdés, Julio
Duración: 109 minutos
Intérpretes: Ramos, Santiago; Resines, Antonio; Luna, Álvaro de;
Manver, Kiti;Vivanco, Fernando; Collado, Cristina; Cisneros, Jesús;
Varona, César;Tobias, Rubén; Navarro, Enrique; Sacristán, José
María; Braña, Frank; Heras, Angélica; Vélez, Felipe; Leza, Concha;
Agut, Alicia; Torre, Gabriel de la; Huesca, Fernando; Lozano, Javier;
Estebanez Cesáreo; González, Estanislao.
Lugares de rodaje: León: Riaño, Cistierna, y La Ercina.


Julio Sánchez-Valdés
Nació en León en 1954.
Estudió Imagen en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid.
Allí conoció a Fernando Trueba, quien iba a marcar su trayectoria profesional, y formó parte de lo que se denominó "la escuela de Yucatán".

Fue coordinador de la revista Casablanca, donde estaba Trueba como director de publicaciones y el también leonés y cineasta Felipe Vega como redactor-jefe, además de Valeria Ciompi. Gracias a la ayuda de Trueba, que ofició como productor ejecutivo, llevó a cabo el proyecto de su primera película.
 Filmografía
 1984: De tripas corazón
1987: Luna de lobos
1991: La fuente de la edad
1999: Petra Delicado
2004: XXL







Julio Llamazares  
 En la Inauguración del Memorial "hito de la Memoria" del escultor Amancio González Andres, para homenajear a las víctimas del franquismo en esta zona de León.(sábado 19 de julio) Foto Theo

Julio Llamazares (Vegamián, León, 1955) estudió Derecho y Periodismo y se inició muy joven en la poesía con el grupo poético Barro; posteriormente, creó el grupo Cuadernos Leoneses de Poesía. Sin embargo, su obra abarca prácticamente todos los registros literarios, desde la poesía a la literatura de viaje, pasando por la novela, la crónica, el relato corto y el artículo periodístico.
 Premio Nacional de Poesía Universitaria en 1976, su primer libro de poesías La lentitud de los bueyes fue galardonado en 1978 con el premio Antonio Gómez de Lama. En este género, y con la obra Memoria de la nieve que apareció en 1983, recibió el IV premio de Poesía Jorge Guillén, en lengua castellana, concedido por el Consejo General de Castilla y León en 1982. Sus poemas han sido publicados en revistas literarias y recogidos en las antologías Las voces y los ecos y Poesía épica española.
 Luna de lobos, su primera novela, vio la luz en 1985 y en 1988 lo hizo La lluvia amarilla, ambas finalistas al Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Narrativa. A la literatura de viajes pertenecen El río del olvido (1990), Tras-os-montes (1998) y Cuaderno del Duero (1999); y, al ensayo, El entierro de Genarín (1981) y Los viajeros de Madrid (1998). Parte de sus artículos periodísticos se han incluido en obras como En Babia (1991) y Nadie escucha (1993). Su última novela es El cielo de Madrid (2005).
 Un halo de intimismo rodea la obra de Llamazares, precisa en el uso del lenguaje y exquisita en la presentación de las descripciones y reflejo de sus propias vivencias personales

 Poesía
 1979:La lentitud de los bueyes (Tdr au Fr Ed Féderop) 
1982:Memoria de la nieve (Tdr au Fr Ed Fedérop)


La lenteur des beoufs, Mémoire de la Neige
 Poèmes traduits de l'espagnol par Bernard Lesfargues

postface de Marie-Claire Zimmermann
édition bilingue

13,72 €



Novela y Narrativa
 1981:El entierro de Genarín
1985:Luna de Lobos (Tdr au Fr Ed.Verdier 10 €)
1988:La Lluvia amarilla (Tdr au Fr Ed.Verdier 9,80 €)
1990:El río del Olvido
(Tdr au Fr Ed.Verdier 18,30 €)
1994:Escenas del cine mudo
(Tdr au Fr Ed.Verdier 13, 60 €)
1998:Tras Os Montes
1998:Los viajeros de Madrid
1999:Cuadernos del Duero
2005:El Cielo de Madrid

 Opinión
 1991:En Babia
1993:Nadie escucha

Acerca de Julio Llamazares
Aux éditions Verdier vous trouverez ses roman traduits au français et des comte-rendu  sur ses ouvrages

1985
Luna de Lobos
Ed Planeta / Booket










2009

Luna de Lobos
Ed Catedra 9,50 €  


 Comprar 
Una historia de supervivientes, de hombres agrupados para sobrevivir a la miseria de la derrota, para vencer el miedo en lo profundo del monte, Luna de lobos
En el otoño de 1937 el frente republicano de Asturias es derrotado por las tropas franquistas. Un grupo de combatientes consigue huir y se refugia en las montañas, donde se dispone a librar su batalla particular contra los nacionales y la guardia civil. A estos enemigos, sin embargo, no tardan en sumarse la dureza del medio y la soledad, así como el miedo de las gentes que habitan los pueblos circundantes y el inexorable paso del tiempo. Poco a poco, la lucha de estos combatientes va cambiando de signo para convertirse en una lucha desesperada por la supervivencia.

2009
Lune de Loups 
Ed Verdier
10 €
"...En 1937, dans l’automne pluvieux des monts Cantabriques, quatre soldats perdus de l’armée républicaine fuient devant la traque fasciste : Ramiro, ancien mineur des Asturies, Juan, son très jeune frère, Gildo, et Angel, le narrateur, qui a vingt-quatre ans et était instituteur dans un village. Ils sont harassés, ils ont faim, ils se cachent le jour et marchent la nuit : « La lumière du soleil n’est pas bonne pour les morts. »..." Claude Prévost, L’Humanité, 23 novembre 1988.

1988
La Lluvia amarilla
Ed Planeta / Booket
En “La lluvia amarilla” (1988), el escritor Julio Llamazares ofrece el monólogo del último habitante de un pueblo abandonado del Pirineo oscense: Ainielle. Narra en primera persona el paso fulminante, en los estertores de la muerte, de la película de los últimos diez años de la vida de Andrés: los años que transcurren entre el suicidio de Sabina, su esposa, y el momento en que la vida le abandona. Con la muerte de Andrés desaparece el último habitante de Ainielle, Esta versión teatral ha dejado satisfecho al novelista leonés.
El gran tema de La lluvia amarilla, ese tema que ha tocado a distintas comunidades del mundo entero y las ha unido a través de la literatura, es la despoblación rural.
2009
La pluie Jaune
Ed Verdier 
9, 80 €
  Au seuil de la mort, un homme achève l’expérience extrême de l’abandon. Pour conjurer la peur, il parle. Il raconte avec une grande pudeur et une douceur infinie, sa cruelle traversée. Il réveille dans ce village oublié des Pyrénées aragonaises, les visages disparus que la maladie, la vieillesse, la guerre mais surtout l’exode ont emportés jusqu’au dernier – lui. Il évoque sa résistance obstinée contre les forces de la nature, contre les mensonges de la mémoire, les illusions du réel ou les exaltations de la folie.

2005
El cielo de Madrid (Ed Alfaguara)
2006 
Punto de lectura (bolsillo)
7,30 €

Su última novela, El cielo de Madrid, pertenece ya a la memoria de un tiempo pasado, los años de la llamada "movida madrileña", 
En el último cuarto del siglo XX, en España se produjeron el final de la dictadura, la llegada de la democracia, el despertar al mundo y a la libertad, y nacieron y se abandonaron algunos sueños... En medio de esas turbulencias, Carlos y sus amigos, un grupo de artistas y escritores que, como tantos a lo largo de la historia, llegaron a Madrid buscando el triunfo, pasan de la inocencia a la madurez, de la juventud al éxito o al fracaso, y encuentran que ni el éxito ni el fracaso son como ellos se habían imaginado.
Crónica generacional, El cielo de Madrid es también una reflexión sobre la búsqueda de la felicidad, que para el protagonista-narrador y sus amigos simbolizan el cielo de la ciudad y el que hay pintado en el techo del bar en que se reúnen todas las noches. Julio Llamazares regresa a la novela con esta historia que parece más soñada que real, como la ciudad que su protagonista pinta mientras la vive. .
Publicado por Mr. Williams  bibliotecario.





2008 
Las rosas de piedra
24.50 €  
ISBN: 978-84-204-7382-6 
Livre de voyage  de cathédrale en cathédrale à travers l'Espagne 


Éste es un viaje en el tiempo y en la geografía. En el tiempo, hacia el pasado, hacia la época en la que se construyeron esos maravillosos edificios que han sobrevivido al tiempo como representaciones de la ciudad de Dios en la Tierra y que conocemos como catedrales, y, en la geografía, a través de un país que es un mosaico de regiones tan diferentes como sus paisajes.
Lo emprendí cuando empezaba el tercer milenio y lo acabaré algún día, espero, después de haber recorrido todas las catedrales de ese país. Setenta y cinco exactamente, sin contar las que lo fueron, pero dejaron de serlo en algún momento. Advierto a este respecto que en mi periplo he seguido la terminología eclesiástica, que es la que determina lo que es una catedral: la iglesia en la que tiene su cátedra el obispo. Así que he dejado fuera, además de a las catedrales que ya dejaron de serlo, salvo alguna, como la de Roda, en Huesca, por mi debilidad por ella, a las llamadas concatedrales, confuso término que define a las iglesias habilitadas como catedrales cuando el obispo vive fuera de la sede episcopal, cosa que sucede a veces cuando ésta no coincide con la ciudad más grande de la diócesis o no es la capital de la provincia (las de Vigo, Soria, Cáceres, Alicante o Castellón serían algunos de esos ejemplos). Del mismo modo que advierto, para que nadie malinterprete mis intenciones, que, cuando me refiero a España, lo hago como territorio, el que lleva ese nombre en la actualidad, sin entrar en la discusión política existente sobre su identidad, como tampoco entro en la de su actual división autonómica. De hecho, me guío por la división antigua, más coherente a mi parecer, que por la que está en vigor, demasiado artificial en muchos casos.

Cathédrale de Séville

Por lo demás, no establezco ninguna teoría ni pretendo llegar a ninguna conclusión. Al revés, me limito, como hago siempre que viajo, a contar lo que he visto y me ha sucedido, sin pretender convertir mi viaje en una lección. Ni de historia, ni de arte, ni, mucho menos, de espiritualidad. Como ya he dicho más de una vez, el único sentido de los viajes es enfrentarse a otras realidades para confrontarlas luego con la que uno vive.
Qué es lo que me llevó a elegir esos edificios para este nuevo viaje literario -el cuarto de los que escribo y el más ambicioso, sin duda, de todos ellos- tampoco sabría decirlo. Intuyo que la atracción que siempre me han producido las catedrales desde que, cuando era niño, entré por primera vez en la de León y también, acaso, la preferencia que siento por esos mundos que han quedado a desmano de la historia o simplemente de la realidad. Y las catedrales, por más que algunos pretendan, no son ya más que espejismos, reliquias de un tiempo ido que quedó aprisionado en ellas.

Cathédrale de Palma de Majorque dite ici "La Seu" est de style gothique. sa construction a durée 370 ans. c'est la deuxième plus grande cathédrale d'Espagne après celle de Séville 
A deshojarlas como si fueran rosas de piedra, enormes rosas arquitectónicas surgidas en nuestras ciudades hace ya cientos de años y hoy olvidadas por la mayoría, he dedicado este libro cuya primera parte adelanto ahora, mientras sigo recorriendo y mirando las restantes para deshojarlas en una segunda entrega. Y todo ello, ya digo, sin otra voluntad que la viajera y sin otra intención que la literaria. Esa que sigue la estela de los antiguos viajeros, aquellos que partían por partir, en palabras de Rimbaud, o que preferían un mal camino a una buena venta, en las de Cervantes. Los viajeros, en suma, que iban buscando la magia que el mundo ofrece a los que lo andan. 
Julio Llamazares


DESCRIPCIÓN DE LA MENTIRA

Por JULIO LLAMAZARES
    En 1977, cuando el hoy premio Cervantes Antonio Gamoneda era un perfecto desconocido, publicó un libro de poesía que a muchos nos conmocionó. Se llamaba —se llama— Descripción de la mentira.
    Cuando apareció ese libro, Antonio Gamoneda llevaba 17 años sin publicar. Así que, para los jóvenes como yo era, como para la mayoría de los que lo leyeron, Descripción de la mentira supuso todo un descubrimiento. Se trataba de una poesía distinta, hermética, pero bellísima, y, sobre todo, llena de interpretaciones. No hace falta que yo diga que para mí aquel libro sería fundamental.
    Sé que a Antonio Gamoneda, tan poco amigo de las simplificaciones, la lectura que algunos hicimos entonces de su libro no le agradaría mucho, aunque, con su buen estilo, nunca dijo nada en contra. Me refiero a esa lectura que identificaba un tanto simplistamente (era la época y era también nuestra ingenuidad) la mentira del título de su libro con la que este país había vivido durante años. A través de ella, versos como el que abre el texto —"El óxido se posó sobre mi lengua como el sabor de una desaparición / El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido / y no acepté otro valor que la imposibilidad"— cobraban a nuestros ojos un sentido muy directo, tan directo quizá como distinto al que el poeta había querido darles. Y no digamos aquellos otros que expresamente apuntaban: "Los que sabían gemir fueron amordazados por los que resistían la verdad, pero la verdad conducía a la traición / Algunos aprendieron a viajar con su mordaza y éstos fueron más hábiles y adivinaron un país donde la traición no es necesaria: un país sin verdad". Esto, para mí y para mis amigos, en aquel año de 1977, era toda una declaración.

Antonio Gamoneda  Premio Cervantes 2006
    Recordaba todo eso mientras Antonio Gamoneda, con su educación antigua, leía su discurso sobre la poesía y la pobreza delante de un auditorio —el de los premios Cervantes, en Alcalá de Henares— la mayoría del cual seguramente no sabía quién era hasta esa mañana y me venía a la cabeza aquella lejana época en la que yo pensaba que la mentira era algo del pasado, algo que afortunadamente se terminaba por fin en este país. ¡Qué ingenuos éramos todos! ¡Qué infelices creyendo que aquel libro que leíamos como si fuera una revelación no era una visión del mundo, sino el epitafio de una época concreta!
    Aquel país ha cambiado mucho, pero los versos de Gamoneda siguen vigentes, por desgracia para nosotros. Y continuarán estándolo, me temo, habida cuenta de hasta qué punto la mentira ha arraigado en nuestros comportamientos, sobre todo en los de la vida pública. Basta leer los periódicos, mirar las televisiones, escuchar los discursos de nuestros dirigentes o los debates de los opinadores para ver cómo esa palabra, la mentira, es la más utilizada por todos ellos, eso sí, atribuyéndosela siempre al otro. Y lo peor es que esas acusaciones ni siquiera se toman en serio, al menos no como para denunciarlas (en el caso, claro está, de que fueran infundadas), como si la acusación de mentir fuera algo natural, tan natural como la mentira en sí. Al fin y al cabo, se justifica, éste es el país de la picaresca.
    Desde hace tiempo, esa situación se ha acentuado hasta el punto de que continuamente nuestros políticos se acusan mutuamente de mentir, cuando no mienten abiertamente, como ocurrió con el 11-M. Que alguien lo haga es ya grave en sí, pero más grave es la impunidad con la que tal comportamiento es tomado por el resto, impunidad que lleva a algunas personas (el ex presidente Aznar, a propósito de los motivos para la invasión de Irak, por ejemplo) a reconocer que mintieron o que no dijeron la verdad completa sin dimitir a continuación ni pedir perdón a los ciudadanos, como si el solo reconocimiento de la mentira bastase para borrarla de sus currículos y sus efectos de la vida de la comunidad. Eso cuando no se da un salto adelante y se pretende borrar la mentira con otra nueva, como ahora hacen quienes nos niegan que durante varios años han sostenido, incluso contra las pruebas, que los autores de la matanza del 11-M la ejecutaron en colaboración con ETA. Doble mentira que ofende aún más, por cuanto la primera se agranda con la segunda, como ocurre con esos errores que se pretenden subsanar con otros.


Antonio Gamoneda Descripcion de la mentira Abada  Editores 15,20 € 

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Seguimos, pues, nadando en el mismo fango que el poeta Gamoneda describía hace tres décadas ("El silencio y sus círculos, el ácido que depositas sobre mi salud / la suciedad obligatoria de mi alma: éste es el precio de la paz"), sólo que ahora sabiendo que eso es así. Ahora no hay velos que disimulen la mentira y el engaño, como antes, pese a lo cual ambos continúan vigentes. Y continúan vigentes por lo que he dicho: porque nos hemos acostumbrado a mentir y a que nos mientan, porque la mentira aquí no tiene el rechazo que en otras partes, porque en la patria de la picaresca no está mal visto —al revés— engañar al oponente, siempre y cuando se haga con gran cinismo, porque la mentira, en fin, forma parte de nuestra idiosincrasia, especialmente de la de aquellos que aprendieron a mentir en los tenebrosos años en los que "los que sabían gemir fueron amordazados por los que resistían la verdad".
    Dicen los historiadores que los efectos de una dictadura tardan décadas en desaparecer y el ejemplo quizá sea España. Aunque mucha gente sostenga que estamos homologados con los países de nuestro entorno, aunque nuestra economía crezca pujante, por delante incluso de las de aquéllos, aunque, desde hace ya tiempo, el ejercicio de la política se atenga a las normas de la democracia, todavía arrastramos un déficit de normalidad que hace que sobrevivan entre nosotros comportamientos pertenecientes a otros sistemas y que ello se contemple con cierta indiferencia por la gente. Debe de ser la costumbre. Vuelvo a los versos de Gamoneda, aquellos que yo leía a finales de los setenta como si fueran una revelación: "De la verdad no ha quedado más que una fetidez de notarios / una liendre lasciva, lágrimas, orinales / y la liturgia de la traición (…) / ¿Qué lugar es éste, qué lugar es éste?".


 

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